mayo 31, 2026
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Madrid, 31 de mayo de 2026.- Ramiro Calle, escritor de 82 años nacido en Madrid y figura líder del yoga en España, explora la conexión espiritual con los felinos en su libro ‘Lo que aprendí de mi gato Émile’ (2022), el cual está a punto de lanzarse en su séptima edición. Calle, experto en doctrina budista y profesor de yoga, describe a los gatos como yoguis naturales y detalla cómo estos animales han marcado su vida personal y espiritual.

La obra fue inspirada por Émile, un gato angora blanco de ojos dorados que Calle adoptó y que llevó el nombre del escritor Émile Zola. Según el autor, el felino entró en su vida después de que estuviera “al borde de la muerte por una infección bacteriana contraída en Sri Lanka”. Durante 11 años, Émile fue para Calle “su hijo, su amigo y su maestro”, hasta su fallecimiento.

En declaraciones sobre la relación con su mascota, Calle afirmó: “Descubrí en él su espíritu gandhiano, su dominio del momento presente y su capacidad de empatía. Nunca guardó rencor. Vivía cada momento sabiendo cómo soltar”. El autor añadió que, aunque ha tenido perros y un pájaro, con este gato tuvo una conexión única: “Siempre he dicho en mis conferencias que él fue quien más me amó porque no me juzgaba. Cuando murió, una parte de mí también murió con él”.

Calle, quien ha viajado por toda Asia y posee un profundo conocimiento de la cultura del continente, señaló que se crió rodeado de animales porque su madre los adoraba: “He tenido animales desde que era niño porque mi madre los adoraba”. Actualmente, el escritor comparte su vida con un gato albino travieso que fue abandonado en una gasolinera cuando tenía cuatro meses y también cuida de una colonia de gatos sin hogar.

Sobre los animales en situación de calle, Calle expresó: “Los gatos callejeros me inspiran una ternura infinita. Abandonados a su suerte, víctimas de individuos que los maltratan, expuestos a ser atropellados por personas insensatas. A menudo hambrientos y sedientos, despreciados e ignorados”. Reflexionando sobre la partida de Émile, concluyó: “Envejecimos juntos, él con más gracia que yo, y uno de nosotros tenía que irse primero y romperle el corazón al otro. El destino se lo llevó primero”.

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