septiembre 2, 2026

Por Redacción

Ciudad de Mexico, 28 de agosto de 2026.- La inteligencia artificial pasó de ser una novedad tecnológica a convertirse en una nueva exigencia para las y los docentes, según señala un artículo de opinión publicado en La Jornada. Ante este escenario, en las redes sociales se encuentran cursos, talleres, certificaciones y diplomados que prometen enseñar a utilizar esta herramienta en el aula, mientras comienzan a aparecer programas de posgrado especializados en inteligencia artificial y educación.

Sin embargo, el texto cuestiona la velocidad de esta adopción. “El problema no es que las y los docentes se capaciten, la formación permanente forma parte de la profesión; el problema aparece cuando una tecnología se convierte rápidamente en una obligación educativa sin detenernos primero a discutir qué necesitamos para incorporarla y qué consecuencias puede tener su uso dentro del aula”, indica el autor del artículo.

La investigación destaca que no todas las escuelas cuentan con la misma conectividad, no todos los docentes tienen acceso permanente a internet ni todos los estudiantes disponen de computadora, teléfono adecuado o servicios digitales de pago. Al respecto, el texto advierte: “Hablar de inteligencia artificial como si las condiciones tecnológicas fueran iguales para todos puede profundizar desigualdades que ya existen en nuestro sistema educativo”.

Además, se señala que para utilizar críticamente la inteligencia artificial se necesitan habilidades como leer, escribir, resumir y argumentar, competencias que pueden dejar de desarrollarse si se abusa de la herramienta. “Una herramienta capaz de resumir un texto puede resultar extraordinariamente útil, pero si un estudiante todavía no sabe identificar las ideas principales de una lectura y delega esa tarea a la inteligencia artificial, el resultado puede ser correcto, mientras el aprendizaje nunca ocurrió”, expone el autor.

El artículo también alerta sobre la fiabilidad de la tecnología, pues la inteligencia artificial puede inventar información, presentar referencias inexistentes y ofrecer explicaciones aparentemente convincentes que contienen errores. “En otras palabras, para utilizar bien una herramienta que puede leer, escribir, resumir y argumentar por nosotros, primero necesitamos aprender a leer, escribir, resumir y argumentar; esta paradoja debería ocupar un lugar central en la discusión educativa”, concluye el texto.

Finalmente, la pieza de opinión resume la situación actual con la siguiente reflexión: “Pareciera que estamos corriendo para aprender a escribir mejores instrucciones para una máquina antes de preguntarnos si existen las condiciones necesarias para utilizarla de manera crítica”.

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