Ciudad Del Vaticano, 30 de marzo de 2026.- El Papa León XIV hizo un llamado a la paz durante su primera misa de Domingo de Ramos desde la Plaza de San Pedro, clamando para que se depongan las armas en Medio Oriente. “Ten piedad, depón las armas. Recuerden que son hermanos”, dijo el Pontífice.
León XIV advirtió que no se puede usar la fe para justificar la violencia. “Este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechazaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra”, señaló.
El Papa agregó que su oración está más cerca de los cristianos de Medio Oriente que sufren las consecuencias de un conflicto atroz. Afirmó que Cristo “no se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra” y que en su último grito dirigido al Padre se escucha el gemido de dolor de las víctimas de la guerra.
En México, cientos de fieles católicos celebraron el Domingo de Ramos en diferentes iglesias de la Ciudad de México. En la Catedral Metropolitana, los creyentes se congregaron para conmemorar la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, en una ceremonia presidida por el Cardenal Carlos Aguiar Retes.
El Cardenal invitó a los presentes a abrir el corazón a Cristo y acompañarlo en el camino de la Cruz. Por su parte, la Arquidiócesis de México solicitó que la Semana Santa “no sea una tradición cultural para observar desde fuera”, sino una oportunidad para dejar atrás una espiritualidad cómoda.
La Arquidiócesis destacó que los feligreses deben colocarse “frente a un espejo incómodo en el que contemplamos la historia de Cristo, pero también la nuestra en el momento que vivimos”, recordando que el corazón humano es capaz de entusiasmarse con Dios mientras no incomode.
En Torreón, Coahuila, la plancha de la Plaza Mayor se llenó desde las 11 de la mañana para celebrar la fecha. El obispo Luis Martín Barraza Beltrán dio inicio a la ceremonia indicando: “Hoy nos reunimos para iniciar unidos con toda la Iglesia la celebración del misterio pascual”. Al término de la invocación, los ramos fueron rociados con agua bendita antes de emprender la caminata hacia la Catedral del Carmen, cuyo templo lucía completamente lleno.